lunes, 18 de febrero de 2019

Trastorno Alimentario

Hace tiempo que quería volver, que necesitaba volver, pero a veces la falta de tiempo nos consume en actividades y ejercicios que parecen prioritarios, pero que no son más que una ilusión...

El caso es que quería volver empezando por mi tema. Y para ello, quería compartir lo que significa para mí el Trastorno Alimentario. Después de escuchar en consulta testimonios, miedos, ilusiones así como leer, seguir de cerca a mis compañeros psicólogos y no dejando de aprender en todo el camino, creo que una persona con un trastorno alimentario, se merece toda la atención, formación,  y capacidad de compasión de todos los que lo rodean en su día a día, así como no, en su psicólogo.

Este texto, lo compartí el año pasado con mis chicas en los grupos y en la consulta, y este año lo comparto con vosotros.

Implica un cambio, pero para todas, estamos en el camino.

La lucha de las valientes, de las supervivientes, de las atrevidas y de las que viven entre dos mundos, el mundo de los pensamientos y el mundo del miedo y el dolor.
Entender a una persona con un TA es algo complejo, a mí me gusta verlo como un modo de aprender (de un modo muy doloroso), como a veces ciertas experiencias, nos cambian por dentro. Nos cambian por dentro y nos dejan heridas, heridas que sangran, heridas que duelen, heridas que cuando las tocas hacen que se te llenen los ojos de lágrimas, el cuerpo de miedo y no sepas bien que hacer… y en ese no saber qué hacer, de pronto, y sin previo aviso, entre tanto malestar, un día se cruza un pensamiento de comida... un y si… ¿? Y si… me siento mejor así?... Y si de pronto este dolor desaparece? …Y si encuentro en esto una solución?... Y así, poquito a poquito, y sin darte ni cuenta, dejas de pensar en lo que duele, y empiezas a pensar en la comida o en el físico, como una alternativa a no sentirte mal, o por lo menos “tan mal”.
No sentirte mal durante un tiempo, hasta que de pronto, esa “solución milagrosa” deja de ofrecer alternativas de bienestar, desaparecen los refuerzos y la crítica interna cada vez hace más daño, y de ese modo el dolor, la soledad, el miedo y el cansancio cada vez se hacen más y más grandes… y en ese mundo de oscuridad y miedo, donde las lágrimas llegan cuando menos las necesitas, y la ira y la tristeza se anidan en tu estómago, debes encontrar el modo, las fuerzas y las ganas para volver a reconstruirte y ser tú de nuevo.
Y en ese proceso de aprender de cada una de vosotras es cuando os encontramos. A veces enfadadas con el mundo, a veces solas ante la vida, a veces con miedo a todo lo que os rodea, y otras veces con los pensamientos en “las nubes”…  nubes que ofrecen un refugio a tanto dolor, y que en ocasiones dificultan los comienzos.
La bajada a la tierra es dura, el afrontamiento a las propias emociones es doloroso y complicado, y aprender a confiar en uno mismo es un camino de valientes. Pero estamos aquí, estamos a vuestro lado, sabiendo que el camino es cuesta arriba y que las lágrimas deben formar parte del aprendizaje, hasta descubrir que ahora sois más fuertes y valientes para mirar aquello que un día nos daba miedo, poder mirarlo y escuchar lo que tenga que deciros, aunque no os guste, porque en esta nueva “yo”, habéis aprendido que sois capaces, que podéis, que no hay imposibles y que aunque os sintáis raras, tenéis que aprender a cuidaros y quereros aceptando cada trozo de piel que recubre vuestro cuerpo, y cada pensamiento, mejor o peor que vuela por vuestro pensamiento.
Para mí, entender a una persona con un TA, es entender a una persona que quiere mejorar, aprender, superarse, y que cada día lo intenta, con más o menos miedo, con más o menos apoyos y con la convicción de que un día será capaz de vivir con emociones.
Sois un gran ejemplo, sois las mujeres del siglo XXI y seréis capaces de conseguir todo aquello que os propongáis, no dudéis de vuestro talento y a seguir caminando. J